
La causa nació en el milenio pasado, en 1999, cuando el entonces camarista Jorge García Coillins, habría recibido dinero de Margarita Di Tullio alias «pepita la pistolera», cambio de facilitar excarcelaciones de algunos detenidos en la cárcel de Batán.
Un fallo favorable, del mes de noviembre, había determinado que se habían vencido ampliamente los plazos para juzgarlo.
Ahora, la Cámara de Casación penal revocó esa sentencia y cuestionó lo resuelto por el Tribunal Oral N°3, cuyos jueces Fabián Riquert (en disidencia), Federico Wacker Schroder y Juan Manuel Sueyro habían entendido que se estaba ya cumplido el plazo razonable para continuar la acción penal y que debía considerarse extinta.
Según publicó el diario La Capital, la Sala II de Casación indicó, entre otras afirmaciones, que declaraba admisible el recurso del Ministerio Público Fiscal y que tras la anulación del sobreimiento deberá celebrarse un nuevo juicio.
Los camaristas Fernando Luis María Mancini y doctora María Florencia Budiño consideraron que “por fuera de lo que pudiera señalarse en torno a aquella consideración del a quo, debe remarcarse antes que nada (ya que éste y no otro es el motivo fundamental sobre el que se erige esta decisión casatoria) que el exceso en el plazo razonable de duración del proceso no aparece en nuestro ordenamiento jurídico como causal de extinción de la acción penal”.
EL CASO

En 1999, García Collins debió renunciar tras quedar involucrado en escuchas telefónicas y que derivaron en una acusación por recibir dinero de «Pepita la pistolera».
Un cuarto de siglo más tarde de ocurrido los hechos, al camarista Jorge García Collins se lo acusó del delito de cohecho pasivo agravado.
LA COIMA

Todo comenzó en septiembre de 1999 cuando el exjuez fue sorprendido recibiendo dinero de Di Tullio y una semana después trascendieron escuchas telefónicas en la que presuntamente negociaba excarcelaciones de tres delincuentes cercanos a la mítica regente de cabarets portuenses.
En el año 2005, luego de un largo proceso en el que principalmente se discutía la legalidad de esas escuchas, Di Tullio fue condenada a 3 años de prisión en suspenso por cohecho, causa resuelta en juicio abreviado.
Sin embargo, la causa judicial contra García Collins derivó de juzgado en juzgado por una razón entendible: la mayoría de los jueces locales se excusaban de ser parte del proceso por cercanía, amistad o por otro motivo que pusiera en duda su independencia y autonomía.
Al mismo tiempo, su renuncia como camarista no impidió que avanzara el jury de enjuiciamiento en el que se lo consideró responsable en el año 2001. De todos modos, García Collins pudo conseguir su jubilación, aunque la causa penal se mantuvo vigente hasta el día de hoy.
EL LOCO DE LA RUTA, «PEPITA» Y LA COIMA
En agosto de 1999, Margarita Di Tullio se ofreció como «informante» en la causa en la que se investigaba el descuartizamiento de una trabajadora sexual llamada María del Carmen Leguizamón (25). Este crimen formaba parte de la serie de asesinatos contra prostitutas que se le atribuyó a un supuesto asesino serial (no hay pruebas concretas de su existencia) denominado por la prensa como «El Loco de la Ruta”.

El fiscal Carlos Pelliza, que investigaba los crímenes de prostitutas, aceptó algunas entrevistas informales que consistían en recorrer puntos de la ciudad que Di Tulio señalaba como de interés para el entramado del crimen de Leguizamón.
Luego de dudar, Pelliza, comenzó a desconfiar de las intenciones de «Pepita» y decidió intervenir su teléfono. La idea era saber si Di Tullio quería «ensuciar» la investigación para redirigirla lejos de su entorno.

Lo cierto fue que el 2 de septiembre, en una de esas salidas, Di Tullio pidió hacer una parada en el club Jara y de su interior salió García Collins, de impecable y vastísima trayectoria en la Justicia de Mar del Plata. Margarita Di Tulio llevaba una bolsa con dinero que Pelliza ya habría advertido.
El encuentro y el «pasamanos» fue delante de Pelliza y los policías que estaban a 50 metros. García Collins habría recibido cerca de 5000 pesos o dólares en esos tiempos de convertibilidad.
LAS ESCUCHAS

Días después se conocieron las escuchas de la intervención telefónica. Entre ellas varias con García Collins en las que se hablaba de excarcelaciones y de dinero.
Tras explotar los hechos en los medios, García Collins presentó la renuncia a su cargo y el 7 de octubre de 1999 Margarita Di Tullio fue detenida. Apenas estuvo presa hasta el 12, cuando luego de abonar una fianza de (justamente) 5.000 pesos quedó en libertad.
La causa tuvo muchos obstáculos, en especial relacionados con la validez de las escuchas, ya que habían sido obtenidas en el marco de otra investigación.
Finalmente, en julio de 2005 Margarita aceptó un juicio abreviado y recibió la misma pena que por el triple homicidio que había cometido en el año 1985 y que la había hecho «famosa». Tres años de prisión en suspenso.

Muchos creen que a causa de esa fama, en 1995, estuvo detenida en la causa que investigaba el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas. La habían involucrado falsamente como líder de una existente banda que llamaron «Los pepitos».
Finalmente se supo que todo era una maniobra para desviar la investigación que terminó acorralando, hasta el suicidio, al empresario menemista Alfredo Yabrán.
Luego de una vida de delitos, el 30 de noviembre de 2009 a la edad de 61 años «Pepita la pistolera», falleció en un hospital marplatense.
SE VIENE LA SERIE

En noviembre pasado se supo que Luisana Lopilato será la protagonista de “La Pistolera (la leyenda de Pepita)”, bajo las ordenes de Lucía Puenzo, una película sobre la legendaria mujer que supo regentear las wiskerias más salientes de Mar del Plata.
Desde el comunicado de prensa emitido Zeppelin Studios se indicó que la película estará centrada en «Marga»: “la famosa criminal que revolucionó el negocio de la prostitución al rescatar y empoderar a mujeres víctimas de trata y se transformó en leyenda luego de un triple crimen en defensa de su familia”.
En 1985, Di Tullio mató a tiros a tres delincuentes que irrumpieron en su casa. A partir de ese momento y por la repercusión mediática que tomó el caso, la mujer fue bautizada como “Pepita, la Pistolera”.


