
Un jurado popular de Córdoba condenó a prisión perpetua por mediar violencia de género en concurso real y por homicidio criminis causa a Néstor Soto por el crimen de Catalina Gutiérrez.
Fue una audiencia final extensa y cargada de dolor para la familia de la víctima, que enfrentó al homicida en cada una de las siete jornadas que se desarrollaron.
La condena es la que había pedido el fiscal Marcelo Sicardi en su alegato. Por su parte, la querella integrada por Carlos Hairbedián y Santiago Capdevilla había solicitado con la primera acusación, que era alevosía.
Según el portal El Doce, mientras, la abogada del asesino, Ángela Burgos Niño, insistió en que no se trataba de un femicidio y pidió un “homicidio simple con pena de 25 años”. Aseguró que si no se daba así el falló iría a Casación para rever la pena y hasta amenazó con que en esa instancia la vida de Catalina valdría menos.

Con la decisión del jurado popular y el Tribunal, Néstor Soto pasará al menos 35 años en la cárcel.
«¡CATALINA PRESENTE!»
Aplausos, lágrimas y un grito en memoria de Catalina. De esa manera la familia de la joven recibió la contención después de escuchar la condena a perpetua contra el femicida.

Eleonora Vollenweider y Marcelo Gutiérrez, los padres de la víctima, se unieron en un abrazo al que también se sumó su hija Lucía. Los tres con remeras que llevaban la imagen de la estudiante que murió en manos de su amigo hace ocho meses.
“¿Catalina Gutiérrez? Presente. ¿Ahora? Y siempre», fueron los gritos en las puertas de la sala con el acompañamiento de un sentido aplauso.
EL FEMICIDIO

Néstor Soto mató a su amiga el 17 de julio de 2024 en su departamento de Podestá Costa 3.110, la subió al Renault Clio y la abandonó en barrio Ampliación Kennedy, al sur de la capital. Esa noche estuvo en una comisaría con los papás de la víctima y fingió estar afectado por la desaparición y posterior hallazgo sin vida de su amiga.
Sin embargo, era él quien, tal como se demostró en el juicio en su contra con contundentes pruebas, la había golpeado con un golpe de puño y la había dejado inconsciente. Luego la había asfixiado con un lazo que jamás se encontró y que, se presume, descartó en contenedores cercanos.

