
El crimen de Diego Xavier Guastini, financista, cuevero, informante policial y encargado de lavar el dinero de alguno de los mayores narcos de la Argentina, se convirtió, con el correr de los años, en uno de los mayores enigmas del mundo del delito y la Justicia penal en la Argentina.
Ocurrió el 28 de octubre de 2019, cuando un comando de sicarios cronometrado lo mató en Quilmes mientras viajaba en plena noche con su Audi A4, a pocas cuadras del edificio de la Municipalidad local. El financista llevaba su pistola Glock, que nunca disparó.
Poco después, se supo que Guastini se había convertido en informante de la PROCUNAR, el área de la Procuración dedicada a investigar delitos narco, lo que alimentó el misterio de su muerte. Así, ayudó con sus declaraciones a encarcelar a sus propios clientes, como el clan Loza y Carlos Atachahua. Guastini se negaba a moverse con custodia oficial, por miedo a espantar a sus clientes. Su muerte sigue impune

La semana pasada, la historia de Guastni dio un giro inesperado. De acuerdo a una decisión del Tribunal en lo Penal Economíco N°1, el dinero del remate de sus bienes ayudará a la Procuración a adquirir nuevas tecnologías para investigar delitos financieros. En particular, desfalcos cripto, con la adquisición del software forense Chainalysis.
Tres días antes del crimen, el Tribunal N°1 había decidido incautar 569 mil euros y 890 mil dólares, que terminaron en cuentas de la Corte Suprema, además de la incautación de 13 inmuebles, entre ellos oficinas y un lote en un country de Pinamar.
En el fallo, la jueza Sabrina Namer decidió destinar “U$S 350.000 al Ministerio Público Fiscal y la Oficina de Recupero de Activos, para la adquisición de recursos concretos como la obtención de licencia/s de herramienta Chainalysis de análisis de trazabilidad de operaciones con criptoactivos”, asevera el documento. El dinero, en este caso, provendrá de las subastas de los bienes incautados. Otros 150 mil dólares serán destinados a una asociación dedicada a la lucha contra la adicción a las drogas.

