
Tras 45 audiencias, 76 testigos y 27 declaraciones de imputados, el juicio por la muerte de Maradona vivió este martes su última jornada de debate. Fue casi seis meses después del reinicio del proceso, que comenzó en abril desde foja cero después del escándalo judicial que obligó a anularlo en 2025.
Para esta instancia, los jueces ya conocen toda la prueba que se expuso y las versiones de cada uno de los siete imputados que tiene la causa por homicidio simple con dolo eventual. Aun así, cuatro de ellos aprovecharon esta audiencia para ampliar sus indagatorias por última vez antes del comienzo de los alegatos.
Fueron Leopoldo Luque, Agustina Cosachov, Nancy Forlini y Pedro Di Spagna, que no aportaron nueva información, repitieron lo que habían dicho en sus declaraciones previas y, como ya ocurrió anteriormente, aprovecharon para echarse culpas entre ellos una vez más.“Va a ser el juego del gran bonete”, había adelantado el fiscal Patricio Ferrari el primer día del juicio.

En sus declaraciones, el neurocirujano y la psiquiatra se mostraron firmes ante el tribunal al defender el rol que tuvieron en la internación domiciliaria donde falleció Maradona el 25 de noviembre de 2020. Dijeron que quien se encargaba del dispositivo era Nancy Forlini, la coordinadora de la prepaga, y que ellos apenas sabían lo que pasaba puertas para adentro porque tenían prohibida la comunicación directa con los enfermeros que estaban en la casa.
En este sentido, Leopoldo Luque dijo: “A mí no me favorecía como médico estar con él. Yo no estaba con él por fama o dinero. Estaba porque lo amaba.Es algo interno y una admiración que muchos de los que estamos acá le seguimos teniendo”.
Y Agustina Cosachov,a su turno, declaró: “La verdad lamento mucho lo que pasó. Siempre traté de hacer lo que mejor sé, lo que mejor pude, tenía un buen vínculo con el paciente, lo queríamos mucho”. Nancy Forlini fue la única de las imputadas que lloró en su relato y pidió por favor a los jueces que comprendieran cuál era su rol en el tratamiento de Maradona.
El resto de los imputados —que son el psicólogo Carlos Díaz, el enfermero Ricardo Almirón y su jefe, Mariano Perroni— decidieron no volver a declarar.
El tribunal escuchó atentamente las declaraciones de quienes sí hablaron, aunque los jueces hicieron pocas preguntas aclaratorias. Tras casi ocho horas de audiencia, pasaron a un cuarto intermedio hasta el próximo jueves, cuando comenzarán los alegatos.


